martes, 24 de agosto de 2010

Derechitos

- Hoy los de 1º me cansaron, les digo saben qué? ahora vamos a hacer algo que les hacían hacer en la primaria: se cruzan de brazos y me miran.
- Sí, jaja, la otra vez también, les digo: les voy a traer el mantelito y el delantal a cuadritos ya que tienen menos pautas que un nene de jardín. Son un caso serio, involucionan estos pibes.
- Y los miro, che, una se me ponía así (gesto de bajar un brazo), y le digo No, derecho, y me miran, estamos?. Cruzados de brazos, mirando adelante. De-re-chos. Cinco minutos hasta que tocó el timbre los tuve así. Se habían olvidado lo que les hacían hacer en la primaria, eh? les digo, pero parece que necesitan aprender de nuevo cómo se está en el aula. Me miraban con una cara... pero bien que se quedaron quietitos.
- Sí, que aprendan, por favor! Menos pautas tienen estos chicos de ahora...

Aprendiendo

Estábamos en el patio, sentados en círculo, y empecé a contarles la historia de Orfeo y Eurídice.
- Ja, lira como el aceite?- me interrumpe uno de los chicos de 3º año, justo el que tenía uno de los auriculares del celular en la oreja, tratando ostensiblemente de llamar la atención.
- A lo mejor algo tiene que ver, no sé por qué le pusieron así al aceite, tendríamos que ver- le digo sin tomarme a mal la interrupción.
- Ah... (silencio). Y lírico, como el canto lírico, entonces viene de lira, no?

Y sí, recién entonces me di cuenta de la relación. Y promoví un aplauso de los compañeros, por supuesto.

viernes, 13 de agosto de 2010

Acá y acullá

¿En todas partes pasa lo mismo? lean lo que encontré en un blog español:

"En cualquier reunión, corrillo, o similar, los profes autoritarios nos dejamos notar rápidamente. Tenemos frases que nos identifican con facilidad. Una de nuestras favoritas es: los alumnos/as cada día son peores. De aquí se deriva otra de nuestras características que es el placer de la queja. Porque debes saber que
  1. el sistema educativo cada día es peor,
  2. los alumnos/as cada día saben menos cuando llegan al instituto,
  3. cada día los alumnos se sacan el título con menos esfuerzo,
  4. ya nadie respeta al profesor,
  5. etcétera.
Un profesor autoritario (es decir, como Dios manda) si ha acumulado unos cuantos años de docencia, ya tiene la oportunidad de ser un nostálgico patológico. Nostalgia le provoca el recuerdo de la tarima (¡esos si que eran buenos tiempos!), nostalgia le provoca el recuerdo de ese pasado en que todos los alumnos/as le llamaban de usted. No voy a seguir porque se me saltan las lágrimas sólo de recordarlo (…)
A todos éstos tipos/as y a mí nos vas a poder reconocer en la sala de profesores y, sobre todo, en las reuniones de evaluación por nuestros insultos a los alumnos/as."
Extraído de   
http://profesorautoritario.blogspot.com/

miércoles, 11 de agosto de 2010

Copy and paste...

ALTO GRADO DE DEFINICIÓN 
- Che, Norma, qué tal es Pereira de 2º A.
- Un desastre de pibe. Se copia.


NO ES LO QUE PARECE
- Che, che, ojo que en 2º C las de la primera fila se copian.
- No me digás... Gracias por avisarme, pensé que eran más bobitas.
- Y... como una usa anteojitos, con esa cara te engaña.


¿SOMOS O NO SOMOS UN EQUIPO?
- Vos sos la de Lengua? Vos das en 5º? Mirá lo que tengo... (cara de triunfo y sonrisas a granel)
- A ver... ah, es una hoja con una actividad que hicimos el otro día.
- Sí, pero se la saqué, se la saqué justito cuando se la estaba copiando al compañero.
- ?
- Viste, son unos vivos, vos por ahí no los conocés porque sos nueva, pero entre nosotras tenemos que ayudarnos. Me miraba con una cara que no entendía nada el pibe, jaja.
- ?
- Tomá, te la doy, vos fijate qué le hacés.
- Pero estaba pasando una actividad... ellos trabajan de a dos. Ni siquiera me lo tenían que entregar...
- Sí, menos mal que nos ayudamos entre nosotras porque si no quién nos ayuda con ésos.


LA COSA NOSTRA
- Je, hoy agarré a cinco en 3º B. ¡A cinco! qué me dicen.
- Bien, Elen, los mismos de siempre o alguno nuevo?
- Y, no, los mismos, qué se le va a hacer.
- Bueno, por lo menos los tenemos marcados. Que sepan que los tenemos marcados y que con nosotras no se jode.

Educación sexual (de las docentes)

Una alumna y su compañera, entre risitas, me atajan en la puerta de la Sala de profesores. Vienen con unas hojas dobladas en la mano.
- Profe, antes de pasarlo, le quiero decir lo que hice para la entrevista que tenemos que entregar. Yo le hice la entrevista a una tía mía que es Ginecóloga.
- Ah, buenísimo!
- Sí, pero le pregunté algunas cosas... le quiero mostrar antes de entregarlo las cosas que le pregunté- me dice y baja la vista,entre risas nerviosas.
- Bueno, dejamelo que lo miro- le contesto, pensando qué tema pecaminoso podría llegar a aparecer en una entrevista con una médica.
Por eso, antes de entrar a la adorable sala de descanso profesoril le pego una ojeada y leo preguntas como:
¿Qué tipos de orgasmos tienen las mujeres?
¿Siempre se tienen orgasmos en la relación sexual? ¿Cuántos?
¿Qué son los lubricantes y para qué se usan?
Sonrío complacida al advertir que el TP sobre Entrevista les sirvió para evacuar ese tipo de dudas. Pero como no deja de parecerme cómica esa actitud culposa frente a tales temas, y evidentemente sin conocer bien los bueyes con los que aro, suelto sobre la mesa la anécdota frente a mis colegas.
Esperaba risas cómplices o algo así y en lugar de eso... sólo expresiones de incomodidad, disgusto y desaprobación, cosas como:  "Son terribles éstas", "Qué maleducados que son, por Dios", "Qué desubicación", "Eso lo hacen para provocar".
Pero los laureles se los lleva la gladiofanta de la punta de la mesa, a mi lado:
- Ay, por favor, qué se hace ésa, se hace la modosita, claro, se hace la timidita para venir a preguntarte si puede entregar eso...
- Ah, porque tienen que presentar la entrevista ante todo el curso, por eso- la corto.
- Sí, seguro, quién le cree, se hace la tímida y la zoncita con vos pero bien que para preguntar lo que preguntó no tuvo verngüenza, qué caraduras que son, por favor (cara de asco, una cara irreproducible como si estuviéramos hablando de cómo matar sapos de a poquito o despellejar gatos).
- Eh, qué?, no -balbuceo pasando de la risa a la cara de "¡No lo puedo creer!"-  ni que estuviéramos en la Edad Media, ja- digo sin que se me escuche bien, tratando de resultar sarcástica, cosa que no me sale nunca (quedo a lo sumo, como la loca que habla sola). Por eso me siento salvada por el timbre.Y una vez más, salgo raudamente. No sin pensar lo que agradezco poder expresar en este espacio: "Si estas brutas supieran lo que es un orgasmo, seguramente no serían lo forras y amargadas que son".




Alumnos agresivos

En este curso hay un par de chicos que se me vuelven difíciles. Se la pasan hablando y riéndose. El típico caso de los que quieren llamar la atención. Por eso, casi siempre, forman parte activa de la clase, ya sea en el rol de interlocutores cómicos míos o cumpliendo cualquier otra función.
Ese lunes me habían colmado la paciencia porque tenían que hacer un trabajo evaluativo y tenían que estar callados, cosa que algunos no pueden hacer. Había tenido que ponerme seria un par de veces, hacerme la enojada, la amenazadora, pero nadie me cree. Me senté al escritorito (uno chiquito con rueditas que parece una mesa de televisor), un poco preocupada porque me daba miedo de que me estuvieran tomando por una profesora sin carácter.
En eso estaba cuando empiezo a tener un intercambio con una chica que se sienta pegado al pizarrón. Yo le decía algo y ella me contestaba con marcada agresividad, con una agresividad tal que no podía ser real. Es una alumna con carácter fuerte, pero que conmigo es buena, una que se había llevado un libro de Bécquer el día anterior, pero que había traído sin leer porque (aunque me dijo que leía poemas clásicos) le parecieron "una porquería esas rimas, re truchas". Me hacía reír su rapidez al contestar y hasta creí descubrir cierta velada sonrisa detrás de cada contestación. No dudé de que fuera una broma, remedando el intercambio que había tenido con sus compañeros, en el que yo había intentado pasar por una profe con carácter. Y seguimos unos minutos más, ida y vuelta, hasta que me pongo a llenar el libro y se corta el ping pong. Cuando levanto la vista, la chica estaba lista para el segundo round. Los ojos le brillaban de furia. Fue ahí cuando pensé que algo no andaba bien, entonces la miro a su compañera de banco y me dice: "Y sí, ella le había dicho que estaba mal".
- Pero entonces, me estuvo hablando siempre en serio?
- Claro, si está re mal- me repite la compañera.- Venga y siéntese un poco acá que le tiene que hablar.
Y ahí empezó.
Hacía tres semanas que se le había muerto el sobrino en un accidente en una moto. Uno sobrino de la edad de ella, un quinceañero que vivía solo con la abuela porque los papás habían formado otras familias y no lo veían nunca. El chico no iba a la escuela, trabajaba y no andaba en nada raro. Por lo menos hasta esa semana antes de morir. Parece que había robado una moto el día anterior, parece que un pibe de otra banda lo había entregado a la policía, parece que la policía lo encerró mientras iba en la moto, lo atropelló y la ambulancia tardó de 40 minutos a una hora en irlo a levantar. De ahí lo llevaron a no sé qué comisaría para averiguación de antecedentes. Y a un hospital (que no entendí cuál era), antes de terminar en el HECA. Pero ya era demasiado tarde: el pibe estaba reventado por dentro y hasta le tuvieron que cortar una pierna. Duró una sola noche. La noticia del diario (que escribió nombre y apellido del chico) dijo que la policía, en cumplimiento de su deber, había atropellado a un pibe que se estaba fugando luego de robar una moto.
Todo eso me contó. Y siguió con detalles, desde el entierro hasta la semana previa en la que se fue despidiendo de todos, como si hubiera sabido. La chica me estaba contando la historia del sobrino, pero lo que yo escuché es la historia de miles de pibes villeros que se mueren a manos de la policía con total impunidad y anonimato ante la vista cómplice de los ciudadanos honestos que piensan: "Bue, uno menos" (uno de los cuales podría perfectamente ser el profesor o profesora que viene después del recreo).
Me dijo que no podía dormir pensando en lo que había sufrido el sobrino antes de morirse, que el fin de semana había tenido cuarenta de fiebre y que a pesar de todo había rendido la previa de inglés. Todo eso me contó, y la abracé y le di un beso. Me ofrecí a hacer de intermediaria para que se reuniera con la sicóloga escolar, porque alguien tiene que escucharla y decirle algo que le sirva y le dé un poco de paz. Yo mucho no sé qué decir, le dije, y es verdad. Aunque creo que no tenía que hacer más que eso: escuchar.
En eso tocó el timbre y los hinchacocos que no paran nunca de hablar salieron en tropel.
De repente me dije que si el precio que tengo que pagar por estar cuando me necesitan es pasar a veces por una boluda sin carácter, bueno, si el precio es ése, lo pago gustosa.

Negro diálogo docente


- Les pagan, les pagan por no trabajar, qué vergüenza. Este gobierno da asco.
- Les pagamos nosotros con nuestros impuestos querrás decir.
- Y... peronistas tenían que ser...
- Eso de regalarles las cosas sin que se las tengan que ganar, a dónde vamos a parar.
- Fijate vos la miseria que nos pagan a nosotros por hijo, y a ellos, por tener cría como conejos y estar ráscandose todo el día....
 - No, encima lo peor es que los obligan a mandar a los hijos a la escuela. El otro día entro al aula y ahí tengo a dos nuevos, a esta altura del año, imaginate, pero conmigo no se la van a llevar de arriba, no. Yo les voy a pedir todo, los voy a reventar, que hagan todo lo que hicieron los demás o si no, lola.
- Claro, eso de que estén obligados a asistir... antes era fácil, vos tenías 40, pero después hacías limpieza y se iban, ya después de mitad de año te quedabas con los que valían la pena.
- Vos los hubieras visto, diciéndome como si nada que empezaban a ir a la escuela a esta altura del año. Les pregunto por qué van, y me dicen que porque la madre los manda. Qué caraduras. Claro, ellos tomando mate en la villa hasta ahora y se aparecen cuando se les canta.
- Estos negros, que quieren todo en bandeja.
- Es una barbaridad, y después los tenemos que aguantar nosotros. ¡Por favor!

"Ya se te va a pasar"

La profesora joven e impetuosa.
La que se lleva bien con los chicos-as.
La profesora alegre.
La profesora que siempre está pensando en algún proyecto o actividad nueva.
La profesora cumplidora.
La profesora que no se queja del sueldo.

Y mis colegas entrecruzan miradas con sorna y alguno o alguna dice, mientras me señala con la cabeza:
- Je, se nota que recién empieza, todo ese entusiasmo...
- Sí, eso me suelen decir, aunque ya hace 12 años que doy clase...
- ¿Cómo? ¿Con esa carita? Te daba menos edad.
- Gracias.
- Bueno, entonces será que sos así porque sos soltera. Claro, soltera y sin hijos, así es fácil.

Yo me pregunto, será esa la solución al problema de la educación? tomar profesores solteros y sin hijos para que puedan cumplir su tarea con idoneidad? Gente del Ministerio, tome nota!

Sala de profesores

Mañana de trabajo como cualquier otra. Recreo de 10 minutos. Cargada de bolsas cual Papá Noel, entro a sala de profesores a tomar mi cafecito o mate cocido. Nadie saluda.
Soy nueva en el colegio desde hace mes y medio. Hablo poco porque los demás profesores no sólo no me han preguntado quién soy, de dónde vengo, ni qué materia doy, sino que tampoco me hablan o me miran a la cara aún ahora cuando me ven casi todos los días.
Ellos no lo saben, pero mis temas favoritos para el recreo docente son:
- mis alumnos
- la dinámica de los distintos grupos, problemas de la educación actual
- el mundo actual, la política, los medios de comunicación
- cultura: qué hay para hacer en la ciudad? alguien me recomienda algo? (cine, teatro, películas, esas cosas)
- cualquier tema que arranque sonrisas (en general, los profesores hombres son más proclives a reírse y hacerte reír con sus comentarios sobre diversas cuestiones; mis compañeros hombres suelen ser más reservados, más irónicos, más críticos y más agradables que las mujeres)
- cualquier tema que haga referencia a cosas personales significativas y agradables (por ejemplo: lugares recomendables para ir de vacaciones, libros que estás leyendo, etc.) o bien a cosas personales no tan buenas que uno quiera compartir con los demás. En definitiva, cualquier cuestión personal que permita la interacción y enriquecimiento mutuo entre los hablantes/compañeros de trabajo.

Sin embargo, estos temas parecen quedar, día tras día, sistemáticamente excluídos de la agenda temática de mi sala de profesores.
En cambio, los temas favoritos yrecurrentes de mis señoras colegas (y de casi todas las colegas que me fue dado tener en mis años de docencia) son:
- clima
- problemas de salud (propios y ajenos), cuanto más graves sean, más ímpetu le ponen a la conversación
- problemas de falta de tiempo (ya ilustraré con certeros ejemplos, lo que puedo decir por ahora es que me asombra el tono que usan: entre quejoso y orgulloso, similar al que usan las matronas viejas en su competencia por las afecciones de salud; entiendo que se trata de un espíritu de grupo -una suerte de masoquismo noble- que las cohesiona)
-  hijos (a diferencia de una pareja adorable de docentes que conocí trabajando en otro colegio y que cada día traían a la sala de profesores cómicas anécdotas sobre sus niños quenos hacían divertir a todos, en este caso ninguna cosa que cuenten es  verdaderamente digna de contarse, se limitan a soltar experiencias comunes y soporíferas que van desde el embarazo a la adolescencia de su prole). La repetición, por si fuera poco, es el recurso favorito cuando hablan de estas cosas.
- problemas de la vida cotidiana (la inflación, el tránsito, el sueldo docente y esas cosas). Yo no sé cómo pueden vivir estas mujeres si la vida las trata tan mal...
- diversas quejas institucionales focalizadas en el afuera: siempre la culpa la tienen el gobierno, los alumnos, los directivos, los del gremio. Quejas, quejas y más quejas.
-críticas al gobierno actual, a la política en general y a la sociedad en que vivimos (esto merece un post aparte). Es muy gracioso ver de qué manera la planta docente repite clichés que enarbola Mirtha Legrand y se enoja y patalea como la centenaria señora.


Riiiing!!!
Tomo mis bártulos y, haciéndole honor al espíritu olfa que siempre ostenté, salgo de la apabullante sala.
A mis espaldas, continúa el cacareo de mis colegas (¿"mis colegas?"), hasta que algún preceptor venga a decirles: "Chicas... el timbre".