Mañana de trabajo como cualquier otra. Recreo de 10 minutos. Cargada de bolsas cual Papá Noel, entro a sala de profesores a tomar mi cafecito o mate cocido. Nadie saluda.
Soy nueva en el colegio desde hace mes y medio. Hablo poco porque los demás profesores no sólo no me han preguntado quién soy, de dónde vengo, ni qué materia doy, sino que tampoco me hablan o me miran a la cara aún ahora cuando me ven casi todos los días.
Ellos no lo saben, pero mis temas favoritos para el recreo docente son:
- mis alumnos
- la dinámica de los distintos grupos, problemas de la educación actual
- el mundo actual, la política, los medios de comunicación
- cultura: qué hay para hacer en la ciudad? alguien me recomienda algo? (cine, teatro, películas, esas cosas)
- cualquier tema que arranque sonrisas (en general, los profesores hombres son más proclives a reírse y hacerte reír con sus comentarios sobre diversas cuestiones; mis compañeros hombres suelen ser más reservados, más irónicos, más críticos y más agradables que las mujeres)
- cualquier tema que haga referencia a cosas personales significativas y agradables (por ejemplo: lugares recomendables para ir de vacaciones, libros que estás leyendo, etc.) o bien a cosas personales no tan buenas que uno quiera compartir con los demás. En definitiva, cualquier cuestión personal que permita la interacción y enriquecimiento mutuo entre los hablantes/compañeros de trabajo.
Sin embargo, estos temas parecen quedar, día tras día, sistemáticamente excluídos de la agenda temática de mi sala de profesores.
En cambio, los temas favoritos yrecurrentes de mis señoras colegas (y de casi todas las colegas que me fue dado tener en mis años de docencia) son:
- clima
- problemas de salud (propios y ajenos), cuanto más graves sean, más ímpetu le ponen a la conversación
- problemas de falta de tiempo (ya ilustraré con certeros ejemplos, lo que puedo decir por ahora es que me asombra el tono que usan: entre quejoso y orgulloso, similar al que usan las matronas viejas en su competencia por las afecciones de salud; entiendo que se trata de un espíritu de grupo -una suerte de masoquismo noble- que las cohesiona)
- hijos (a diferencia de una pareja adorable de docentes que conocí trabajando en otro colegio y que cada día traían a la sala de profesores cómicas anécdotas sobre sus niños quenos hacían divertir a todos, en este caso ninguna cosa que cuenten es verdaderamente digna de contarse, se limitan a soltar experiencias comunes y soporíferas que van desde el embarazo a la adolescencia de su prole). La repetición, por si fuera poco, es el recurso favorito cuando hablan de estas cosas.
- problemas de la vida cotidiana (la inflación, el tránsito, el sueldo docente y esas cosas). Yo no sé cómo pueden vivir estas mujeres si la vida las trata tan mal...
- diversas quejas institucionales focalizadas en el afuera: siempre la culpa la tienen el gobierno, los alumnos, los directivos, los del gremio. Quejas, quejas y más quejas.
-críticas al gobierno actual, a la política en general y a la sociedad en que vivimos (esto merece un post aparte). Es muy gracioso ver de qué manera la planta docente repite clichés que enarbola Mirtha Legrand y se enoja y patalea como la centenaria señora.
Riiiing!!!
Tomo mis bártulos y, haciéndole honor al espíritu olfa que siempre ostenté, salgo de la apabullante sala.
A mis espaldas, continúa el cacareo de mis colegas (¿"mis colegas?"), hasta que algún preceptor venga a decirles: "Chicas... el timbre".
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